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Buscando un amor...


Como si fuera una gran puerta, cuando abro el libro, aparece galopando rápidamente este caballito. Ella va montada acurrucadita en su lomo. Saltan del libro raudamente y vuelan a mi aldrededor. "Vamos en busca de un amor", nos dice ella.

Dos payasitos montados a caballo


Una enorme mariposa monarca entró a la carpa de circo. 


Justo en el instante en el que dos payasitos hacían su número montados en un caballo




  El caballo quedó enamorado de la monarca y en un abrir y cerrar de ojos partió siguiendo a la mariposa, llevándose consigo a los payasitos que no habían terminado de hacer sus piruetas…







Y así el caballito, con los payasos, siguieron el camino de la mariposa monarca azul
… y siguen y siguen caminando…


Cuento para colgar
inspirado en la obra
de Chagall "Payasos
a caballo", circa, 1920.

De la serie "Trovadores de Tela y Papel", en exhibición en Café La Llave, Trujillo


Martina

Nubes vaporosas,
Nubes como tul,
Llevad l’alma mía
Por el cielo azul.

Gabriela Mistral




Martina sale de paseo por el bosque con su perro Fito. Van junto a su caballo Evaristo.

El momento más feliz de Martina, es cuando pisa la tierra húmeda del bosque y juega con Fito a las escondidas de tronco en tronco.


Luego para descansar, se recuesta sobre las hojas caídas del aromo y comienza a imaginar que las nubes tienen muchas formas.


Se pasa todo el día allí, imaginando a las nubecitas en forma de dragones, palomas, bicicletas…

Y por supuesto…

Evaristo, su caballito, siempre ahí, cuidándola…



La nubecitas nocturnas se acercan y Martina debe regresar a su casa.

¡Vamos Fito! ¡Andando Evaristo!

Pero Evaristo no aparece…

La lunita nueva, le susurra a Martina que Evaristo ha cambiado de color, ahora es azul, es noche azul, caballito azul, y por eso Martina no lo encuentra.

"¡Ponte a buscar, Martina!"


Piezas para intercambiar:
Evaristo, el caballito. Martina. Fito, el perro.

Apto para jugar intercambiando las piezas


Luchín

Cuento para colgar inspirado en la canción de Víctor Jara

“Frágil como un volantín,
en los techos de Barrancas,
jugaba el niño Luchín,
con sus manitos moradas,
con la pelota de trapo,
con el gato y con el perro,
el caballo lo miraba…”



Luchín, un pequeño que vive en un pueblito de Andahuaylas, despierta muy tempranito en la mañana para salir a jugar al campo.

Al cantar el gallo, ya está él lavándose la carita y peinándose para salir.

Primero, su madre le ha pedido que recoja algunos huevos del gallinero para desayunar.



Y así Luchín ha salido apurado, con tantas ganas de jugar, que mientras recogía los huevos comenzó a cantar…

Su canción lo llevó a soñar, y sentadito en la puerta del gallinero, cantaba mirando el cielo azul, las nubes como copos de algodón…



Y las fue tiñendo de atardecer, y se trepó a su caballo Volantín, con su gato Fugaz y su perro Viento, Luchín partió de paseo.



Volaba entre las nubes vestidas de ocaso y con esa magia fue pintando de colores los techos de las casitas de su pueblo…



¡Luchín surcaba los cielos… alto, tan alto que nadie podría alcanzarlo!

¡Volaba como un pájaro!


Nunca más nadie estaría triste en su pueblo, con esos colores…