Las muñequitas atrapasueños de Prístino, acompañan, cuentan mágicos cuentos y protegen los sueños...
Flora y Jazmín


Al momento, se produce una metamorfosis mágica, con las luces tenues del atardecer, la flor blanca se torna de colores del sol y se convierte en colibrí.
Apto para jugar intercambiando las piezas












El mío es muy especial… se llama “brillo estelar” y grandes sorpresas siempre me da…
Monto en mi Pegaso para salir a pasear. Abre sus grandes alas y comienza a volar.
Esquivamos los vientos y nos siguen detrás, convirtiendo el cielo en atardecer.
Rojo, naranja, violeta, azul…
Brillo Estelar danza y se envuelve en mil colores como el crepúsculo. De pronto todo se detiene, llega la calma…
¡Pegaso, las nubes te han vestido de violeta!

Mi caballito alado brilla… y con él la noche de luna llena.





Alfonsina, la Sirena, vive en el mar de Chorrillos. Allí, cerca de los botes de los pescadores. Solo algunos han tenido la suerte de verla.
El momento más feliz de Alfonsina, es cada día, nadar en el mar y mirar sus colores. Los colores del cielo y el mar
Se pasa todo el día allí, conversando con peces, caracolas, caballitos de mar…
Y por supuesto…
Como todas a las sirenas, también a ella, le gusta mucho cantar.
Y le canta a las caracolas, al susurro del mar, a las gaviotas, al sol crepuscular, a la lunita nueva y también a la luna llena…
En las noches de luna llena, Alfonsina le canta a su estrellita:
“Estrellita chiquitita mañanita de esperanza, tus ojitos como alumbran en el espejo del alma” (canción de El Polen)
Piezas para intercambiar:
Sol de día. Nubes celestes. Sol crepuscular. Nubes coloridas. Luna nueva. Estrellitas amarillas. Luna llena. Estrellitas celestes.
Estrellitas de mar. Pecesito. Caracolita. Algas. Alfonsina
100% hecho a mano
Apto para jugar intercambiando las piezas
Materiales:
Caja de madera sencilla pintada con acrílico
Fieltro, tela de algodón, tocuyo, organza, lana, napa, hilo de bordar, cintas, mostacillas, silicona líquida.
Claudia García Pereira
Creación y Elaboración





Luchín, un pequeño que vive en un pueblito de Andahuaylas, despierta muy tempranito en la mañana para salir a jugar al campo.
Al cantar el gallo, ya está él lavándose la carita y peinándose para salir.
Primero, su madre le ha pedido que recoja algunos huevos del gallinero para desayunar.
Y así Luchín ha salido apurado, con tantas ganas de jugar, que mientras recogía los huevos comenzó a cantar…
Su canción lo llevó a soñar, y sentadito en la puerta del gallinero, cantaba mirando el cielo azul, las nubes como copos de algodón…
Y las fue tiñendo de atardecer, y se trepó a su caballo Volantín, con su gato Fugaz y su perro Viento, Luchín partió de paseo.
Volaba entre las nubes vestidas de ocaso y con esa magia fue pintando de colores los techos de las casitas de su pueblo…
¡Luchín surcaba los cielos… alto, tan alto que nadie podría alcanzarlo!
¡Volaba como un pájaro!
Nunca más nadie estaría triste en su pueblo, con esos colores…